Carmen Rivero desarrolla una pintura centrada en los objetos que forman parte de su entorno más cercano: perfumes, gafas de sol, medicamentos, productos de limpieza, cosméticos, latas de comida para gatos, botes de pintura o pequeños recuerdos de infancia. A través de una observación minuciosa y repetitiva, estos elementos cotidianos trascienden su función utilitaria para convertirse en un archivo íntimo de afectos, vínculos familiares y memoria doméstica, construyendo un retrato de la vida cotidiana desde aquello que habitualmente pasa desapercibido.